domingo, 10 de enero de 2016

ILUSIÓN CUMPLIDA

Hay experiencias en la vida que no se olvidan nunca. Para mí una de ellas fue el haber tenido la oportunidad de conducir una moto a los once años. Fue una mobilette a gas, allá por el año 67 en Francia. La sensación de ir dándole gas a la moto, y que esta fuese cogiendo cada vez más velocidad fue realmente una gozada, y una experiencia inolvidable.
A primeros de los años setenta, también en Francia, conocí a un chaval de mi edad que tenía una moto pequeña de marchas. Cuando pasaba con ella cerca de nuestra casa se me iban los ojos. Poco tiempo después este chaval de apellido Agostineto, de origen italiano como el multicampeón del mundo de motociclismo Giaccomo Agostini, se compró una Honda 350 Four, que realmente me impresionó al verla. Un año más tarde la cambió por una Honda CB 750 Four, y fue entonces cuando mi pasión por las motos apareció. Aquella moto era espectacular y muy avanzada a su época. Todavía hoy sigue siendo una moto bonita a pesar de sus más de 40 años.


A partir de entonces empecé a pedirle a mi padre que me comprase una moto, pero dada nuestra economía familiar eso era casi imposible de conseguir, y teniendo en cuenta que a mi padre no le entusiasmaba para nada la idea, la cosa se presentaba muy mal, pero mi padre era mi padre, y después de insistirle hasta la saciedad, en el año 73 cuando vinimos de Francia me compró una moto, Fue una Derby Coyote de 49 cc. Tenía entonces 17 años y realmente me sentí un privilegiado,


Durante algunos años disfruté de mi Derby. Compraba todas las revistas de motos que podía y me conocía todas las motos de la época. la Ossa Phanton, la Bultaco Lobito, la Bultaco Frontera, etc,,, Mis visitas a la tienda de Fermín Chorro cuando estudiaba en Jaén eran casi diarias. Después vinieron unos años en los que mi prioridad era aprobar las oposiciones, encontrar trabajo, y casarme, lo que ocurrió nada más venir de la mili. En los años siguientes con el nacimiento de mis hij@s las motos ocuparon un segundo o tercer lugar, y por otro lado me prometí a mi mismo que hasta que no tuviese dinero para comprar una  moto grande no me sacaría el carné de conducir.  ¡Vaya tontería por mi parte!. Han pasado los años, y no veía el momento de poder comprarme la moto de mis sueños. Ha sido hace algo menos de cuatro años cuando quise matar el gusanillo comprándome una moto pequeña que no necesitara carné, y me compré una Honda Shadow 125 VT.


Después de muchos años sin coger una moto, esta cubría mis expectativas. Con ella recuperé la habilidad perdida con el paso de los años, pero ocurrió lo que suele ocurrir, que se quedaba corta de potencia, y empecé a pensar en una más grande. El problema: no tenía carné para llevar una moto de mayor cilindrada. No quedaba más remedio que ir ideando un plan y por supuesto sacarme el carné que no tenía, el A2. Pero como suele ocurrirme, lo primero que hice fue comprar la moto elegida: fue la Honda Shadow 750 VT tipo custom, una moto que de alguna manera es prima hermana de la 750 Four que tanto me ilusionó en los ya lejanos años 70. Es una moto preciosa, con muy buena presencia, y fuerza suficiente para un motero de mi edad. Un día antes de cumplir los 57 años aprobé el carné A2. ¿Quién lo hubiera dicho? Yo todavía no me lo creo.


Le he hecho en algo más de dos años unos 20.000 km.. De alguna manera tengo que recuperar parte del tiempo perdido. Pero ocurrió algo no previsto, y es que empecé a ver vídeos de motos y conocí a la hermana mayor de la 750 VT, la Honda VTX 1300, y ya no podía evitar darle vueltas a la cabeza, a la vez que reconocía que no necesitaba una moto más grande y que tenía cumplida sobradamente mi ilusión. Y sucedió lo que tenía que suceder, me he comprado la VTX 1300 y después me he sacado, a punto de cumplir los 60, el carné A para poderla llevar. 



Quizás se pueda pensar que estoy chalado o algo así, es mi forma de ser. Siempre he sido una persona con ilusiones: hacer una carrera, escribir un libro o hacer una exposición de pintura han sido retos que han requerido gran esfuerzo y que los he conseguido colmando así algunas de esas ilusiones. Ahora ha tocado aprobar esa asignatura que se me estaba quedando pendiente: la de tener la moto que siempre he deseado, y lógicamente no podía dejarlo para más tarde.

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